De búho a cielo. De cielo a mar. La vida pasaba. El tiempo volaba, me miraba, volvía y se retorcía. Se alejaba y se aferraba. Como tú. Se aferraba a la vida. Me aferraba a ti. La vida eras tú, y no la entendía sin ti. ¿Cuándo me libraría de esa cadena? Cuando pasara la noche.
Oí a un búho mientras esperaba el fin de la tiniebla. Asomé la cabeza por el ventanuco. No había nada. ¿Dónde está? Lo oí otra vez. El búho estaba dentro de mí. Lo acaricié con mi piel, lo enjaulé con mis huesos. Y el búho sonaba. No hablaba, no cantaba, no gritaba. Sonaba. No lloraba ni reía. Gemía. Gemía copulando con mi alma, que sí hablaba, cantaba y gritaba. Desnudé mi interior y no había salida. El búho me lacaba sus uñas. Yo lo metí tan dentro de mí que, al final, acabó escapando. Se me escurrió entre los dedos. Lo había hundido tanto que terminó por salir disparado hacia el cielo. Tanto, que había aparecido en el cielo.
Y ahora es el cielo el que llora. Yo le digo “calla; el búho, mi amor, no duele”. Pero el cielo sigue y sigue gimiendo. Ya no escucho al búho, pero el dolor del cielo evita que duerma. Y si no duermo no sueño, Y si no sueño no vivo. Debo encontrar una escopeta infinita para disparar al cielo. Sí, mataré al cielo, y el cielo se callará y me dejará en paz. No me interesa tu dolor. ¿Quién te preguntó por tu amor? El cielo es egoísta, y lo voy a matar. Yo lo mato con mi escopeta infinita. Haré un agujero que lo coma entero. Y al fin escucharé la risa del búho, que sobrevolará el cadáver del cielo con su “uh, uh”. La risa me devolverá el sueño. El día está cerca.
Salgo con la escopeta. Disparo, y mato al cielo. Asesinar lo infinito es sencillo. Sabes que no puedes fallar el tiro. El cielo ha muerto. Ahora lo substituirá el día, porque el cielo sólo existe de noche. De día no hay cielo. Sólo luz. Pero en realidad quiero la noche. ¿La quiero? Sí. Así que saldré corriendo con mi linterna antes de que amanezca y buscaré al búho. Él clavará sus uñas al cielo y lo resucitará. Y el cielo volverá a llorar y yo podré volver a sentir la noche en mí. Tu cadena en mí.
Salgo linterna en mano. Ilumino a mi alrededor. Imito el sonido de la hembra del búho. “Hu, hu”. Pasa un rato. Otra vez. El búho al fin responde. “uh, uh”. Está cerca. “Uh, uh”. “Uh uh”. Al fin nos encontramos frente a frente. Me mira orgulloso. ¿No decías que no me necesitabas? Quiero que vuelvas al cielo. El cielo murió. Ya no queda nada de él en mí. Tampoco en mí, pero no puedo soñar sin él. ¿Lo queríamos alguno de los dos? Quién sabrá. De pronto el búho salta, vuela y se va. Pero no se aferra, como el tiempo: Adiós, búho.
Tendré que ser yo el que despierte al cielo de su letargo. Lo agarro todo él con mis manos infinitas, las manos de mi alma. Le doy la vuelta y ya no es azul, es rojo, y ahora blanco, y por fin negro. Clavo mis uñas en su cuerpo hasta cerrar mis puños. Hasta que una lágrima de esfuerzo me resbala de la mente y cae en las llagas que he abierto. Vacías, se han llenado con el agua salda. Ya no tendré un cielo muerto. Ahora tengo la vida de un mar.
Oí a un búho mientras esperaba el fin de la tiniebla. Asomé la cabeza por el ventanuco. No había nada. ¿Dónde está? Lo oí otra vez. El búho estaba dentro de mí. Lo acaricié con mi piel, lo enjaulé con mis huesos. Y el búho sonaba. No hablaba, no cantaba, no gritaba. Sonaba. No lloraba ni reía. Gemía. Gemía copulando con mi alma, que sí hablaba, cantaba y gritaba. Desnudé mi interior y no había salida. El búho me lacaba sus uñas. Yo lo metí tan dentro de mí que, al final, acabó escapando. Se me escurrió entre los dedos. Lo había hundido tanto que terminó por salir disparado hacia el cielo. Tanto, que había aparecido en el cielo.
Y ahora es el cielo el que llora. Yo le digo “calla; el búho, mi amor, no duele”. Pero el cielo sigue y sigue gimiendo. Ya no escucho al búho, pero el dolor del cielo evita que duerma. Y si no duermo no sueño, Y si no sueño no vivo. Debo encontrar una escopeta infinita para disparar al cielo. Sí, mataré al cielo, y el cielo se callará y me dejará en paz. No me interesa tu dolor. ¿Quién te preguntó por tu amor? El cielo es egoísta, y lo voy a matar. Yo lo mato con mi escopeta infinita. Haré un agujero que lo coma entero. Y al fin escucharé la risa del búho, que sobrevolará el cadáver del cielo con su “uh, uh”. La risa me devolverá el sueño. El día está cerca.
Salgo con la escopeta. Disparo, y mato al cielo. Asesinar lo infinito es sencillo. Sabes que no puedes fallar el tiro. El cielo ha muerto. Ahora lo substituirá el día, porque el cielo sólo existe de noche. De día no hay cielo. Sólo luz. Pero en realidad quiero la noche. ¿La quiero? Sí. Así que saldré corriendo con mi linterna antes de que amanezca y buscaré al búho. Él clavará sus uñas al cielo y lo resucitará. Y el cielo volverá a llorar y yo podré volver a sentir la noche en mí. Tu cadena en mí.
Salgo linterna en mano. Ilumino a mi alrededor. Imito el sonido de la hembra del búho. “Hu, hu”. Pasa un rato. Otra vez. El búho al fin responde. “uh, uh”. Está cerca. “Uh, uh”. “Uh uh”. Al fin nos encontramos frente a frente. Me mira orgulloso. ¿No decías que no me necesitabas? Quiero que vuelvas al cielo. El cielo murió. Ya no queda nada de él en mí. Tampoco en mí, pero no puedo soñar sin él. ¿Lo queríamos alguno de los dos? Quién sabrá. De pronto el búho salta, vuela y se va. Pero no se aferra, como el tiempo: Adiós, búho.
Tendré que ser yo el que despierte al cielo de su letargo. Lo agarro todo él con mis manos infinitas, las manos de mi alma. Le doy la vuelta y ya no es azul, es rojo, y ahora blanco, y por fin negro. Clavo mis uñas en su cuerpo hasta cerrar mis puños. Hasta que una lágrima de esfuerzo me resbala de la mente y cae en las llagas que he abierto. Vacías, se han llenado con el agua salda. Ya no tendré un cielo muerto. Ahora tengo la vida de un mar.
1 comentario:
Báilame el agua
Úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto
Sácame de quicio, hazme sufrir
Ponme a secar como un trapo mojado.
Lléname de vida
líbrame de mi estigma
Llámame tonto.
Olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora.
No me arrastres
No me asustes
Vete lejos,pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo.
Toca mis ojos
Nota la textura del calor
¿Por cuánto te vendes?
Píllate los dedos
Y deja que te invite a un café.
Caliente claro
Y sin azúcar,sin aliento
Yo te bailo el agua a ti,y tú cariño me la bailas a mí.
T'estimo.
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